viernes, 6 de marzo de 2009

Peninsula de Nicoya, Costa Rica

Como en todos los lugares, encuentras poca gente que te sabe dar buena información y mucha que te da mala info. Salimos de Playa Tamarindo, ubicada en la pequeña Península de Nicoya. El sur de la Península se caracteriza por tener playas para practicar verdaderamente lo que es el deporte del Surf, con unas de las mejores olas de todo el país, entre ellos los poblados de Moctezuma y Mal Paraíso. Para buena suerte de nosotros, decidimos bajar por toda la península, con destino a estos poblados, preguntamos como llegar, a los mismos choferes de los buses, cada uno nos iba dando una versión diferente de como llegar, a que poblados ir llegando y que transporte ir tomando, fue toda una tarde de intenso viaje, en bus, parando y parando por cada poblado, entre ellos, Tamarindo de donde salimos, Santa Cruz, Nicoya, una de las ciudades mas importantes y antiguas de la Península, con mucha historia, ademas de Jicaral, y Playa Naranjo entre otros. Bonita Sorpresa nos llevamos al llegar a Playa Naranjo, ahí era el fin de la travesía, ya no había transporte que nos pudiera llevar hacia Playa Moctezuma, solo taxis particulares que cobran un dineral, y aparte por ser altas horas de la noche no se podían ubicar. La única opción era tomar un Ferry, el ultimo que quedaba, con destino hacia Punta Arenas, y esperar a la mañana siguiente para Viajar en el mismo ferry hacia Playa Moctezuma. Punta Arenas se caracteriza por tener altos índices de delincuencia, por lo que nos recomendaron no llegar en la noche, así que tuvimos que dormir afuera de las instalaciones de la terminal del ferry. Afortunadamente nos dieron asilo en el terreno de una Palapa Bar, ubicada a unos metros de la terminal. Ahí pasamos la noche acampando, esperando la primer salida del Ferry a las 8am. Esa noche estuvo intensa, hizo mucho aire, de puro milagro no salimos volando con todo y casita de acampar, eramos los únicos acampando ahí; si sentí un poco de temor, tuve que estar pendiente toda la noche a los ladridos de un perro, que era nuestro ángel guardián avisándonos de cualquier anomalía, fue una noche dura, afortunadamente, salimos al otro día, hacia punta arenas, para seguir nuestro camino hacia las bellisimas playas.